Voces

Antonio Serrano, impulsor de las Jornadas de Teatro del Siglo de Oro de Almería

Antonio Serrano estará siempre ligado a las Jornadas como impulsor y también como uno de los grandes defensores de esta cita teatral almeriense que ha recibido reconocimientos como el Max de la Crítica en el año 2013 y posteriormente la Medalla de la Academia de las Artes Escénicas. Durante 27 años, Serrano trabajó para acercar el teatro clásico a nuestra provincia, y todo ello partiendo de un gesto aparentemente sencillo que consistía en organizar pequeños encuentros en la antigua Universidad Laboral, donde trabajaba como profesor.

Sin duda este festival tiene una identidad singular gracias a él y a todos los profesionales con quienes contó en el camino. Antonio Serrano nos habla en esta XXXVII edición de la salud del teatro clásico actual y de sus impresiones sobre las dramaturgas barrocas.

El teatro clásico hoy vive una época de pleno reconocimiento por no decir “dorada”. La Compañía Nacional de Teatro Clásico tuvo mucho que ver en esto, y la existencia de más de una decena de festivales de clásico avalan lo que digo. Y es lógico: tenemos el patrimonio teatral barroco más rico de Occidente, aunque a veces lo ignoremos y echemos de menos más protección y más entusiasmo por nuestra cultura y por nuestra lengua.  Pero…

Con los clásicos se puede hacer de todo siempre que esté bien hecho, tenga coherencia y, al final, veamos la obra en sí y no un mero pretexto. Marsillach fue valiente Juan Dolores opta por montajes arriesgadísimos que son una maravilla. Peris Mencheta tiene hoy un Lope nada conservador. Sólo dos condiciones: que tengan rigor y calidad; que debajo de las adaptaciones no se escondan los incapaces.

Es verdad que hay pocas dramaturgas barrocas, pero las hay, y muy buenas. Me dejan atónito las cosas que dice Feliciana Enriquez de Guzmán en Las Gracias mohosas (con un montaje inolvidable de Juan Dolores) y la rotundidad y la grandeza de Sor Juana Inés de la Cruz en Los empeños de una casa, que, por cierto, también vimos en Almería dirigida por Manuel Canseco. ¡Y qué pena que no conozcamos más obra de Sor Marcela de San Félix, la hija de Lope que quemó muchos de sus escritos instigada por su confesor!

Antonio Serrano

Licenciado en Filología Románica en la Universidad Complutense. Su trabajo de investigación gira casi siempre en torno al teatro áureo, aunque ha hecho incursiones en el teatro, la novela o la poesía contemporáneas.

Ha realizado actividades en diversos campos: Ha sido director del Aula de Teatro en la Universidad de Almería, director de las  Jornadas,  actor de radioteatro y autor de diversos textos teatrales, entre otras muchas actividades.

Voces

Hemos reservado este rincón para recoger las reflexiones de personas que tienen una voz en las Jornadas de Teatro del Siglo de Oro de Almería, aquellas que poseen una visión crítica y constructiva que defiende a ultranza el valor de este proyecto. Voces de ayer, de ahora y del mañana.

Gemma Giménez, directora de las XXXVII Jornadas

Estas no son unas Jornadas normales; no pueden serlo, ni deben. Son las Jornadas que tuvieron que ser y no fueron, las que soñaban con regresar y han regresado, las que sobrevivieron al año más incierto, implacable y destructivo que ha vivido la cultura en los últimos tiempos, son unas Jornadas que estaban esperando su momento y su momento por fin ha llegado. Estas Jornadas que quedaron silenciadas, son por ello, quizá las más deseadas. No hay nada como que te echen de menos para que te amen con mas fuerza, y el público almeriense lleva treinta y siete años siendo un amante fiel.

Cumplir con las expectativas, con el legado y con la historia  de este festival me ha obligado a trabajar con una exigencia que estuviera a la altura de las circunstancias. Unas circunstancias adversas, sí, pero también propicias para avanzar, para incluir nuevos lenguajes, para explorar nuevos formatos, para reivindicar el papel de la mujer y para hablar de tú a tú a los más jóvenes.

El teatro del Siglo de Oro encierra tal riqueza y diversidad, tanto talento y genialidad, que es nuestra obligación continuar salvaguardando esta herencia artística para las futuras generaciones, despertando la curiosidad y el interés, estudiando y profundizando en su historia, y revisando y acercando sus textos al público de hoy. La fuerza y la magia de los clásicos sigue viva.

Las Jornadas invitan una vez más a perdernos en los escenarios para emocionarnos y disfrutar de los imprescindibles de la literatura universal. En la propuesta artística de este año, está por tanto este empeño: entretener y solazar, por supuesto, pero también dar voz a las que estuvieron silenciadas y a las que hoy trabajan casi en silencio, apostar por una programación diversa pero representativa de la buena salud de la que goza el teatro clásico en nuestro país. Me alegra poder decir, por tanto,  que la dificultad ha residido en verme obligada a decidir entre múltiples propuestas de altísima calidad y que podemos encontrar actualmente en el panorama nacional.

Estas no son unas Jornadas normales; no pueden serlo, ni deben.

Vivámoslas, pues, como se merecen.

Ganas de verso

José Guirao Cabrera, director general de la Fundación Montemadrid

Cuando una propuesta cultural se acerca a las cuatro décadas de vida -en un país experto en alumbrar proyectos y no tanto en mantenerlos vivos en el tiempo – es porque ha interesado a la gente, eso que genéricamente llamamos público. Y ese pequeño milagro de captar la atención del otro se basa siempre en que sus gestores conocen los temas que pueden atraer en cada momento y saben trasladarlos a sus posibles destinatarios.

En el caso que nos ocupa, las Jornadas de Teatro del Siglo de Oro de Almería puedo decir con orgullo que las vi nacer en los años en que me iniciaba en la gestión cultural en la Diputación de Almería y que he seguido con interés toda su trayectoria. En marzo de 2019 tuve la ocasión de clausurar como ministro de Cultura su última edición. Lo que fue el intento de unos pocos por acercar nuestro teatro clásico a los estudiantes de bachillerato es hoy, XXXVII ediciones más tarde, más que una realidad. La unión de los profesionales de las tablas y los de la educación fue y sigue siendo el feliz encuentro de cada año. Estas Jornadas, que nacieron entre la Universidad Laboral y el actual Instituto Sol Portocarrero de Almería, no solo son las únicas de este tipo que se celebran en Andalucía, si no que a nivel nacional se han convertido en referente de seriedad y buen hacer. Así les fue reconocido en 2013 con uno de los grandes galardones de nuestras artes escénicas, el premio Max de la Crítica.

Por eso mis primeras palabras tienen que ser de celebración y de agradecimiento como amante de la cultura y como filólogo a todos los que lo han hecho posible. Por supuesto, también al público, estudiosos, profesores, profesionales y amantes del teatro, que les ha dado sentido. Hablar del Siglo de Oro es referirse a uno de los momentos álgidos de nuestra cultura donde la concentración de talento fue extraordinaria. Literatura, artes plásticas, música… en todas las disciplinas fue un periodo de la mayor riqueza, pero además en el ámbito del teatro se produce una conexión máxima con el espectador que eleva la popularidad de las tablas a niveles nunca vistos.

En ese periodo especial, la mujer está muy presente y no siempre es reconocida. La figura de la Baltasara – a la que se va a acercar esta edición de la Jornadas – ejemplifica muy bien el trabajo de tantas actrices y autoras de esa época que lucharon por el reconocimiento más allá de la popularidad que le daba la escena. Su carrera, como la de la Calderona, ambas actrices aclamadas, no acabó en las tablas si no huyendo de ellas hacia un convento, pudiera ser que víctimas de una sociedad que no valoraba de igual modo el papel de las mujeres. Investigar y poner luz sobre cada una de esas figuras será sin duda tiempo bien invertido.

Deseo que la actividad de estas jornadas se retome con más energía si cabe, una vez superado el paréntesis por la pandemia. Estoy seguro que este tiempo de pausa no ha hecho si no incrementar las ganas de verso y teatro en cada una de las personas que os acercáis a estas páginas. Os deseo mucho, mucho éxito.