José Guirao Cabrera, director general de la Fundación Montemadrid

Cuando una propuesta cultural se acerca a las cuatro décadas de vida -en un país experto en alumbrar proyectos y no tanto en mantenerlos vivos en el tiempo – es porque ha interesado a la gente, eso que genéricamente llamamos público. Y ese pequeño milagro de captar la atención del otro se basa siempre en que sus gestores conocen los temas que pueden atraer en cada momento y saben trasladarlos a sus posibles destinatarios.

En el caso que nos ocupa, las Jornadas de Teatro del Siglo de Oro de Almería puedo decir con orgullo que las vi nacer en los años en que me iniciaba en la gestión cultural en la Diputación de Almería y que he seguido con interés toda su trayectoria. En marzo de 2019 tuve la ocasión de clausurar como ministro de Cultura su última edición. Lo que fue el intento de unos pocos por acercar nuestro teatro clásico a los estudiantes de bachillerato es hoy, XXXVII ediciones más tarde, más que una realidad. La unión de los profesionales de las tablas y los de la educación fue y sigue siendo el feliz encuentro de cada año. Estas Jornadas, que nacieron entre la Universidad Laboral y el actual Instituto Sol Portocarrero de Almería, no solo son las únicas de este tipo que se celebran en Andalucía, si no que a nivel nacional se han convertido en referente de seriedad y buen hacer. Así les fue reconocido en 2013 con uno de los grandes galardones de nuestras artes escénicas, el premio Max de la Crítica.

Por eso mis primeras palabras tienen que ser de celebración y de agradecimiento como amante de la cultura y como filólogo a todos los que lo han hecho posible. Por supuesto, también al público, estudiosos, profesores, profesionales y amantes del teatro, que les ha dado sentido. Hablar del Siglo de Oro es referirse a uno de los momentos álgidos de nuestra cultura donde la concentración de talento fue extraordinaria. Literatura, artes plásticas, música… en todas las disciplinas fue un periodo de la mayor riqueza, pero además en el ámbito del teatro se produce una conexión máxima con el espectador que eleva la popularidad de las tablas a niveles nunca vistos.

En ese periodo especial, la mujer está muy presente y no siempre es reconocida. La figura de la Baltasara – a la que se va a acercar esta edición de la Jornadas – ejemplifica muy bien el trabajo de tantas actrices y autoras de esa época que lucharon por el reconocimiento más allá de la popularidad que le daba la escena. Su carrera, como la de la Calderona, ambas actrices aclamadas, no acabó en las tablas si no huyendo de ellas hacia un convento, pudiera ser que víctimas de una sociedad que no valoraba de igual modo el papel de las mujeres. Investigar y poner luz sobre cada una de esas figuras será sin duda tiempo bien invertido.

Deseo que la actividad de estas jornadas se retome con más energía si cabe, una vez superado el paréntesis por la pandemia. Estoy seguro que este tiempo de pausa no ha hecho si no incrementar las ganas de verso y teatro en cada una de las personas que os acercáis a estas páginas. Os deseo mucho, mucho éxito.

 

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