Hemos reservado este rincón para recoger las reflexiones de personas que tienen una voz en las Jornadas de Teatro del Siglo de Oro de Almería, aquellas que poseen una visión crítica y constructiva que defiende a ultranza el valor de este proyecto. Voces de ayer, de ahora y del mañana.

Gemma Giménez, directora de las XXXVII Jornadas

Estas no son unas Jornadas normales; no pueden serlo, ni deben. Son las Jornadas que tuvieron que ser y no fueron, las que soñaban con regresar y han regresado, las que sobrevivieron al año más incierto, implacable y destructivo que ha vivido la cultura en los últimos tiempos, son unas Jornadas que estaban esperando su momento y su momento por fin ha llegado. Estas Jornadas que quedaron silenciadas, son por ello, quizá las más deseadas. No hay nada como que te echen de menos para que te amen con mas fuerza, y el público almeriense lleva treinta y siete años siendo un amante fiel.

Cumplir con las expectativas, con el legado y con la historia  de este festival me ha obligado a trabajar con una exigencia que estuviera a la altura de las circunstancias. Unas circunstancias adversas, sí, pero también propicias para avanzar, para incluir nuevos lenguajes, para explorar nuevos formatos, para reivindicar el papel de la mujer y para hablar de tú a tú a los más jóvenes.

El teatro del Siglo de Oro encierra tal riqueza y diversidad, tanto talento y genialidad, que es nuestra obligación continuar salvaguardando esta herencia artística para las futuras generaciones, despertando la curiosidad y el interés, estudiando y profundizando en su historia, y revisando y acercando sus textos al público de hoy. La fuerza y la magia de los clásicos sigue viva.

Las Jornadas invitan una vez más a perdernos en los escenarios para emocionarnos y disfrutar de los imprescindibles de la literatura universal. En la propuesta artística de este año, está por tanto este empeño: entretener y solazar, por supuesto, pero también dar voz a las que estuvieron silenciadas y a las que hoy trabajan casi en silencio, apostar por una programación diversa pero representativa de la buena salud de la que goza el teatro clásico en nuestro país. Me alegra poder decir, por tanto,  que la dificultad ha residido en verme obligada a decidir entre múltiples propuestas de altísima calidad y que podemos encontrar actualmente en el panorama nacional.

Estas no son unas Jornadas normales; no pueden serlo, ni deben.

Vivámoslas, pues, como se merecen.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *